Decálogo de
Once
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Lo que no te gusta = no te gusta desde el principio
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Si ese algo que descubres… no te gusta: ¡cuidado! =
no va a cambiar
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Si sólo intuyes que estás perdiendo el tiempo =
déjalo. No conduce a nada desaprovecharlo
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Si se droga duro/o mucho = ¡más vale que lo dejes
cuanto antes!. No quieres estar con un politoxicómano.
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Si es guarro = ¡olvídalo! Con el tiempo no podrás
soportar que no se duche todos los días. Te indignará. Pensarás que qué has
hecho tú para merecer que sea tan puerco.
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Si se enfada por tonterías = ¡mal! Muy muy mal.
Perderás tu espontaneidad y te pasaras el día preocupada de no decir esto o
aquello porque le sentará fatal. Ante todo naturalidad. Está claro.
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Si es un celoso patológico = ¡mándalo al cuerno!
(nunca mejor dicho). Terminarás pensando que le has puesto los cuernos cuando
te cruces con un tío impresionante y pienses por dentro “qué guapo”.
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Por supuesto si es un moro = ¡no podéis estar
juntos!. Tú no necesitas justificar por qué has tardado una hora en responder
a un mensaje, ni por qué vas a bajar a por tabaco… “Acabarás vomitando al ver
su foto”.
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¿Y si es pasota? = Vale. ¡fuera!. Eso te produce
muchísima ansiedad. Tú no quieres pensar ni actuar por dos. No eres su madre
ni tienes que educarlo. Y tampoco te gustaría.
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¿Mal amante? = Pufff. ¡Por el amor de Dios, tú no
eres Santa Teresa! Y ¡Tampoco asexual!. La insatisfacción produce mala leche,
deprime, afila los colmillos y crea distancias. Uuuuu… eres activa?, …¡ahora
tienes que empezar a ser activista!. ¡Qué bonito!.... “Hola soy Menganita y
soy activista sexual”…no suena mal.
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¿Vago!!!? = Vale bueno, ¡has conseguido que te toque
el gordo de la anti-lotería!. No lo puedes permitir. Por ti tiene que moverse
más que los precios. ¡Tú te lo mereces!! ¿Cómo te vas a conformar con menos?